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HOY
Hoy que te has marchado,
navegando, en esa nave gris de la memoria.
Lluvia incesante sobre tu pálida piel
de rocío rescatado de la infamia.
Tus dos cerrados ojos
taladran este corazón,
árbol del desierto.
Tu sonrisa sí, tu sonrisa,
imperturbable lirio anochecido:
ángel custodio,
mano que acaricia el lomo
desesperado de los perros,
y la pálida sonrisa de los descarados.
Hoy que te dejamos en la orilla,
de ese mar inevitable,
con tu barcaza de madera,
navegante en el ruido infecto de las esferas,
en el sexo más abyecto
de los renegados cristianos.
Hoy, precisamente hoy,
vuelvo a caminar entre los hombres,
vuelvo a deslizarme en la penumbra sigilosa de los bares,
vuelvo a danzar con las mujeres
y a soñar con los muchachos.
Hoy que estás dentro de las piedras,
recuerdo,
debo caminar por estas calles.
Hoy que no te volveré a ver,
tal vez para tu suerte,
corro la avenida,
me apropio de las plazas
y escribo el amor plural,
con su primera voz: Amigo.
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